Martes 17 de junio. 7.00 p.m. Montevideo. Uruguay 6 Perú 0.Se sabía que lo normal era perder, pero ni el más pesimista de los hinchas peruanos podía imaginar que la derrota iba ser, tan humillante y que nos íbamos a sentir tan avergonzados de ser peruanos, futbolísticamente hablando, claro está.
Cada gol charrúa fue como una puñalada en lo más profundo del corazón futbolero nacional. Era como si nos arrancaran parte del alma con cada jugada que terminaba cerca del arco peruano. Y al final nos la arrancaron. No había fuerzas para renegar, gritar o mentar la madre. Solo había frustración por un resultado indignante que no hacía más que colocarnos en el sótano de la tabla de posiciones, en lo más bajo de la Sudamérica futbolística.
Una selección sin fútbol ni alma con jugadores mediocres, fiel reflejo del torneo local; pese a que varios juegan en el extranjero, pero que se han contagiado del ambiente derrotista que acompaña cada presentación de la blanquirroja. Con componentes que creen que el problema está en jugar dos partidos en 3 días mostrando su bajo nivel.
Un equipo sin un universo de jugadores capaces de donde poder corregir algún error por lo cual es necesario liberar de la sanción a Pizarro y compañía. Además de dejar de lado jugadores que ya cumplieron su ciclo como Solano e Hidalgo por dar unos ejemplos y comenzar a jugar con jugadores jóvenes pensando en el futuro.
Un entrenador, José Del Solar, que parece que está en otro mundo encerrado en sus conceptos tácticos pensando que Perú es Inglaterra o España y que somos capaces de ganarle a cualquiera cuando la realidad es que somos un equipo chico, chiquitito, hasta minúsculo (nadie se moleste es la verdad) en Sudamérica y hay que enfrentar los partidos a partir de esa realidad.
Es cierto que los jugadores son malísimos y el técnico no tiene nivel para dirigir pero el principal problema son los incapaces, comechados, fracasados, buenos para nada y todos los adjetivos que se quieran, es decir, los dirigentes (no son sinónimos aunque cada día lo parezca más)
Se pueden cambiar a todos los jugadores y mil comandos técnicos. Así se atraiga a Mourinho, Lippi, Bianchi o Markarian el equipo de todos no va a ir a ningún lado si es que primero no se van Manuel Burga y su banda.
Al menos Juvenal Silva ha mostrado un poquito de sangre en la cara al renunciar a su puesto como presidente de la Comisión Seleccionadora Sudáfrica 2010. Sin embargo, José Mallqui ya a dicho que no va a renunciar y Burga está buscando desesperadamente apoyo de los clubes para quedarse en la Federación con el chantaje de la desafiliación de la FIFA.
La eliminatoria (en realidad es clasificatoria, pero para nosotros siempre es eliminatoria) se acabó para nosotros. No hay ninguna posibilidad de llegar al Mundial de 2010 así que hay que comenzar a pensar en el futuro.
Que se vayan todos los componentes del fútbol nacional que están llenos de fracasos y sin sangre en la cara. Obviamente con Burga por delante. Y que lleguen personas que sean capaces de manejar nuestro balompié con criterio e inteligencia y no movidos por los beneficios del cargo.
Hay que comenzar a pensar en el futuro. El objetivo debe ser el mundial del 2018 y en el mejor de los casos el de Brasil 2014. Para eso se debe trabajar en divisiones menores y será posible cuando las instituciones se fortalezcan como tales y no sean simples equipos que solo figuran en el torneo local.
Se habla de las sociedades anónimas y tal vez sea la solución más apropiada pues los clubes se manejaran como empresas dando por fin ese giro que los equipos del mundo ya dieron hace tiempo para poder ser realmente competitivos a nivel mundial.
Se debe comenzar de cero con nuevos dirigentes, nuevo cuerpo técnico encabezado por un entrenador de real nivel internacional con un plan a largo plazo en todas las divisiones y áreas. Y también con otros jugadores. Los que aún demuestran tener sangre en la cara (Vargas y Guerrero por ejemplo) junto con jóvenes que no hayan sido parte de esta generación de derrotas una tras otra.
El fútbol peruano debe cambiar desde la cabeza hasta los pies y antes de terminar debo decir que el periodismo también tiene parte de culpa pues por vender ejemplares o tener audiencia o rating se encargan de ofrecer ilusiones al pueblo que cree antes de cada partido que las cosas pueden ser diferentes y que tal vez podamos ir al Mundial.
Faltan 3 meses para los próximos partidos contra Venezuela y Argentina (ambos en Lima) y todo debe cambiar ya. Para renacer de las cenizas, como el ave fénix, y en algún momento, que espero no sea tan lejano como parece podamos ver a nuestra gloriosa y bella blanquirroja en un campeonato mundial.
Que se vayan todos que no quede ni uno solo, como dicen los cánticos de la hinchada. Por el bien del fútbol peruano así sea.

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